martes, 2 de marzo de 2010

Family life o "a vivir que son cuatro días...y la mitad amanecen nublados".

CRÓNICAS DEL 47

CAPÍTULO II: FAMILY LIFE. O “A VIVIR QUE SON 4 DÍAS….Y LA MITAD AMANECEN NUBLADOS

¡¡Hogar, dulce hogar!!: Luego dicen que la institución familiar está en crisis. . No me extraña. Yo, de mayor, no creo que quiera formar una familia, porque entre la mía propia y la de mi vecino del centro….¡vaya shou!. Todos los días, ¿eh?, no falla.
No es que yo viva pendiente de ellos, ¡menudo peñazo son!. Lo que pasa es que estas paredes son de pladur, de papel…o de mocos…..Se oye todo; pero todo de todo. Y luego, además, mantienen largos coloquios por el portero automático. Cada vez que llama la hija mediana, que tira a redondita, si le abre el padre, el tío grita”¡Ahí va esa magra!”, que se le oye en toda la calle. Al principio a la chica le daba palo, pero ahora, que ya se ha hecho, pues nada, le contesta: “¡Anda y abre, so gilí !”. Y si el que coge el telefonillo es el chico mayor, se le escucha decir con voz como de ultratumba: “Aquí la funeraria, ¿trae fiambre?”. ¡Vaya sentido del humor más macabro, el gachó!.
Claro que ya no lo dice; después de lo que nos pasó. Al principio se me ocurrió que fuera castigo de Dios; después pensé que no, que no podía ser, porque no sería nada justo que, para castigar al tontaina de Kike, Dios lo pagara con la pobre Rufi, que la verdad es que resultaba un poco rancia y no era muy cariñosa, pero sí buena gente. Además ¡tener ese final tan patético!
A Rufi, a pesar de su edad, porque pasaba de los cuarenta seguro, le había salido un ligue, de los “de ley”, como dice mi tía Chelo, un intelectual y un artista. Estaban hechos el uno para el otro: ella con su violín (y eso que se estaba quedando sorda), y él con sus esculturas y sus libros….y con sus gafitas de culo de vaso y su bigotito de fila de hormigas. Formaban una pareja curiosa, tan calladitos y tan chiquititos los dos. Mi padre decía a veces, con esa guasa chunga que se gasta, que “si te encuentras en el bar a estos dos tomando cañas con Julia y con tu madre, ¡ah!, y con la otra, ¿cómo se llama?, Victoria…pues te crees que han desmontado el futbolín”.
La verdad es que a él sólo lo ví un par de veces; una subiendo con ella al piso, y la otra….el día del accidente. Las vecinas cuentan que los dos habían tenido una cena romántica en casa de Rufi, y que, cuando él ya se iba, pues ¡claro!, ella salió a despedirle y le acompañó hasta el borde mismo de la escalera. Y en la despedida, así, tonteando, que si achuchón va que si achuchón viene, de pronto Rufi echa un suspiro muy fuerte, según contaba su novio, se le desvían los ojos, da un traspiés….y baja rodando hasta el descansillo siguiente.
¡Ay, aquel hombre!. ¡Qué desesperación!. Lo primero que hizo – ¿cómo no? - fue tocar a la puerta de la señora Julia. La señora Julia que sale y se encuentra semejante escena espantosa, echa a correr hasta el portal y llama por el portero automático a mi casa. Yo, cuando lo cogí, no entendía ni miaja de lo que decía, así que avisé a mi madre: “Que dice la señora Julia algo de no sé quién que se ha caído, y no sé cuánto de la escalera, o algo así…”. Y mi madre : “¡Ay, Dios mío!. ¡Que se la ha pegado alguno!”-. Y allí la vieras en alpargatas, con el delantal de cocina y los chuchos en el pelo, con las manos todas pringosas de los boquerones, despepitarse escaleras abajo… Allí estuvo intentando reanimar a la pobre Rufi hasta que llegaron los del 112. Los habían llamado un montón de gente y un montón de veces: el novio desde el móvil, mi hermana Tere desde mi casa (que se lo voceaba mi madre desde abajo), y la señora Julia, que salió a la puerta de la calle tan atacada que una chavala que pasaba, al verla en tal estado, se le acercó a ver qué le pasaba; la señora Julia se lo contó como pudo, y la chica llamó varias veces también. Total, que los médicos llegaron y echaron del descansillo a todo el mundo que estaba allí; y se pusieron a tratar de recuperarla. Todos mirábamos, entre compasivos y recelosos, al novio de Rufi; al pobre no le llegaba la camisa al cuerpo pensando en el marrón que le había caído. Porque, ¡lo normal!, resultaba el primer sospechoso, supersospechoso.
No hubo nada que hacer, según los del 112. No tenía golpes fuertes ni nada así, exagerado, pero la cuestión era que la pobre Rufi había pasado a mejor vida. ¡No veas qué shok!. La señora Julia se quedó como el papel (y eso que ella ya lo venía diciendo: “esta mujer se ha muerto; está muerta, os lo digo yo”), le temblaban las canillas y tuvo que sentarse en un escalón; Loli, la chica del señor Joaquín, recayó en el vicio del tabaco en aquel preciso instante, y a la señora Carmen se le secó de golpe la boca y perdió el don de la palabra, ¡con lo que raja la tía, que no se calla ni debajo del agua!. Mi madre que, según las vecinas “tiene mucha entereza”, aunque mi padre dice que es que es como un marine de la U.S.Navy, se subió a mi casa, se metió en la cocina y se lió a preparar tilas y más tilas…y venga a bajar tilas para los que iban llegando. Y a sacar sillas al descansillo para que se sentaran, entre otros, los policías nacionales que tenían que custodiar el cuerpo hasta que vinieran el médico forense y el juez. Además un policía “secreta”, o de paisano, estuvo interrogando a los “implicados”, o sea, al novio de la pobre Rufi, que, ya digo, era el sospechoso número uno, y a la señora Julia y a mi madre. A todo esto eran ya las dos y las tres de la madrugada; y todos allí, en la escalera: la difunta, el consorte, (que estaba hundido y maldiciendo para sus adentros a ese puñetero niño gordo que anda siempre revoloteando en cueros y disparando a la gente de bien, a Cupido, quiero decir), los testigos en particular, los vecinos en general, y demás afectos. Las autoridades fueron muy amables y educadas, tanto los médicos y los enfermeros como el señor juez nos dieron su más sentido pésame.
Y, tras el levantamiento de la pobre Rufi, poco a poco se fueron yendo cada mochuelo a su olivo “para no poder dormir” decían todos. No sé los demás, pero mi madre dijo:
- No me voy a la cama porque no voy a poder pegar un ojo; así que me voy a quedar aquí en el salón viendo la tele, Vosotros iros a dormir.
Se sentó frente al aparato y, no creo que hubieran pasado ni veinte minutos, estaba ya en el “séptimo sueño” en brazos del señor Morfeo (que no es ningún lío que tenga mi madre ni que mi padre tenga cuernos; es que en el instituto estamos haciendo en Sociales una “caza del tesoro” sobre mitología ).
El hermano de la pobre Rufi, al que tardaron mucho en localizar porque “viaja más que el baúl de la Piquer”, como dice la señora Carmen, (la Piquer esa creo que era una folclórica de las de peineta) avisó a los vecinos para el funeral, les dio a todos las gracias y les comunicó el resultado de la autopsia: al parecer la pobre Rufi no había fallecido por caerse por las escaleras, sino que se cayó por las escaleras porque había fallecido, que, aunque parezca la misma cosa, es lo uno justamente lo contrario de lo otro. Le había dado un infarto fulminante.
Decían luego las vecinas que había sido de la emoción del amor, que la había pillado poco entrenada; y que qué máquina el escultor, “canijo y miope, pero mira, fíjate tú, ….ya ves”.
- Es que ahí había lío, te lo digo yo – murmuraba Loli, que navega mucho por la prensa rosa.
- Pues no te creas tú que es mala muerte esa, en cierto modo. Por lo menos, se fue feliz – decía la abuela de Toñín – Y joven para siempre; esa no va a padecer achaques como los míos.

Así que el super-sospechoso pasó a ser “el pobre chico” super-encantador que le había proporcionado a la "finada" Rufi un dulce tránsito super-romántico.
No lo hemos vuelto a ver.

Pues eso, lo que iba diciendo: que no se puede aguantar a estos del centro. Todo el santo día de bronca. Y encima dicen ellos que se lo pasan bien. Son como los de los chistes de Lepe, o de vascos.
El otro día se lo decía la madre a la señora Julia en el portal, que lo escuché yo mientras disimulaba haciendo que miraba si había correo en el buzón:
- Me voy a tener que comprar un diccionario “conyugal” para traducir lo que me habla mi marido, porque cada vez me cuesta más entenderle. De verdad, es que cada día nos comunicamos peor. ¡Es que no hay comunicación, Julia!
- Con los hombres, hija – la consuela la señora Julia – ya sabes tú...

Ya tiene inri que no se comuniquen, porque se hablan a gritos, será que están sordos, si no...., no me lo explico. La cuestión es que ¡se hacen unos líos...!. Hoy, sin ir más lejos, esta misma tarde. Primero el padre y la madre tenían follón, porque ella le pregunta:
- ¿Qué quieres hacer luego?.¿Vas a querer salir a algún lado o hacer algo de particular?
- No sé....¿qué queréis hacer los demás?
- No sé, ¿qué te apetece?. Decía la niña que habías dicho no sé qué de ir al cine.
- Sí, digo yo, por hacer algo. O, si preferís, nos damos una vuelta y tomamos algo por ahí.
- Pues como queráis. Les voy a preguntar a éstos. Claro que Luchi ya ha quedado y a Luis le duele la cabeza; y a ver cómo anda Clara, a ver si le apetece algo o qué planes tienen, si quieren salir o qué.
- No, pero que no sea por mí, ¿eh?, que si no tenéis ganas....pues ¡nada!, nos quedamos aquí encerrados, como siempre; pero luego no os quejéis de que no vamos a ningún lado.
- Oye, no, ¿eh?. No empecemos a darle vueltas al asunto. A mí igual me da. Pero me ha dicho hace un rato Julia, que me la he encontrado en la panadería, que si hacíamos esta noche una cena de mujerío y marujeo, y le he contestado que dependía del plan que tuviéramos aquí. Así que tengo que saberlo para darle una respuesta.
- Pues, ¡hala!, cada uno por su lado.¡Vaya casa!. ¡Esto ni es una familia ni es nada!
En ese momento se oye la voz de la hija mayor:
- Me bajo al locutorio de la vuelta, que tengo que imprimir unos listados y unos planos que he sacado de internet. Los he metido en el usb y me bajo a imprimir, que los necesito para el lunes.
- Desde luego, son ganas de tirar el dinero. Parece que os sobra – truena la voz paterna – Te he dicho un puñado de veces desde ayer por la noche que, en cuanto tenga un momento, te los imprimo yo en mi impresora, aquí, en casa. Y tú, dale Perico al torno, con que te vas a imprimir a la esquina...
- Ya, papá, ya; vale....Me lo habrás dicho un puñado de veces. Pero se me pasa el tiempo y nunca encuentras el emomento y me lo imprimes.
- Porque ya no tengo más manos, ¿no lo ves?, ¿es que me ves quieto ni por casualidad. ¿Me ves quieto?, ¿eh?. ¿No ves que no paro?. ¿Crees que tengo ochenta manos?. Pues no, sólo tengo estas dos, ¿lo ves?, ¿lo ves?. Mira, mira, mira...dos, dos manos sólo, mira..., sólo dos manitas...¿lo ves, lo ves?. ....
Lo estaba viendo hasta yo, pared por medio, de tanto oírselo repetir.
- ¡Por Dios y por su santa madre!. ¡Deja ya de mover los brazos como molinillos!. ¡Qué mareo!- oigo a la madre- Y tú, niña, baja esa música berreona, que entre ese ruido y las voces...., me estoy volviendo loca.
- Ahora va a tener la culpa la música- dice la niña mayor
- Es que aquí somos todos de Orejilla del Sordete- se oye a la Luchi, que es una cachonda mental.
- Estoy ya hasta los perendengues de estar a todas, y siempre yo, y solamente yo....¡Que ya está bien, hombre!. ¡Ya está bien! - se lamenta el padre – Que aquí nadie arrima el hombro. Y todo se me pide a mí, ¡me tocan todas!-
- Lo de imprimir es por tus santas narices. Porque si no nos hubieras “vetado” el uso de tu ordenador (que en realidad es “nuestro”, porque son bienes gananciales), si no nos lo hubieras bloqueado o lo que quiera que sea que le has hecho, pues podríamos usarlo e imprimir nosotros, cada cual lo suyo, lo que se necesite. Pero como este chisme es de tu uso exclusivo, ¡ni que fuera tu amante!.... que vaya usted a saber....
- Sí, claro, para que me lo volvais a joder . Porque ¡qué casualidad!, cada vez que lo tocais, se fastdia.
- El caso es que no se puede tocar el dichoso ordenador; que lo mimas más que si fuera un hijo capitodisminuido.
- Pues yo – dice la hija mayor – me pienso comprar una impresora para mi ordenador, y nos dejamos ya de follones.
- ¡Qué lista eres tú, qué lista!. ¿Y la tinta, so lerda? - se enfurece su padre – Si lo que sale caro son los cartuchos, que cada uno cuesta un huevo y la yema del otro.
- ¡Jo!...pues yo estoy harta de tener que andar a la greña cada vez que necesito una cosa de éstas.
- ¿Por qué no le pides al Piti que te lo imprima en su tienda ?, ahora que ya ha aprendido que las fotocopias no se hacen por la cara en blanco..., te puede echar una manita....,en el trabajo, quiero decir..., porque en otros terrenos te echaría las dos de buena gana....Teniendo en cuenta que ya sois novios casi oficiales. Si, además, esta hecho un hacha de la imprensión y de la reprografía.¡Menudo es él! - dice la Luchi.
- Ni me lo nombres, ¿eh?. ¡Qué asquito de chaval!. ¡Baboso!
- Menudo partido te estás perdiendo – la solivianta su padre – No vas a encontrar una oportunidad igual en tu vida.
- Si os arrejuntáseis, sólo se iba a estropear una casa – remacha el clavo la madre.
- ¡Ay, mira, me voy!. Lo imprimo en la calle. ¡Agur!. ¡Que os porculicen!

Tiene su puntito esto de asistir de oidas al culebrón de la vida cotidiana de mis vecinos. Son berreones y no me dejan ni hacer los deberes, a veces si siquiera me puedo concentrar en la pley; pero la verdad es que me divierten y, si se me pasa más de un día o dos sin oírlos, me entra el mono y me amuermo.¡Son tan suyos mismos ellos!. Mi madre dice que no sabe cómo sobrevive el pobre canario que tienen. Lo sacan a la ventana del patio a tomar el aire, y es el poco ratito de tranquilidad que tiene el bicho, y hasta canta. Mi madre le augura que se le acabarán cayendo las plumas primero, y que luego, al poco....doblará...como el periquito de mi tia Ketti, que la diñó de estrés familiar. Pero yo a éste lo veo sanito, que canta y todo, y la mar de bien. Está más feliz que una perdiz. A lo mejor es que al pajarraco también le va la marcha.

lunes, 24 de agosto de 2009

Informe clínico

Esto sí que es bien antiguo. Se lo escribí a Jorge cuando era un bebé casi. Allá por el año 81 . En diciembre de 1981



INFORME CLÍNICO REALIZADO POR LA DOCTORA CARMELA A PROPÓSITO DE LA FENOMENOLOGÍA PATÓLOGICA DEL NIÑO JORGE LUIS:



El sujeto estudiado y analizado por mí, parece saber ciertamente a la especie a la que pertenece, pues repite mientras se golpea la "poitrine": "ete e -e nene; ete e-e nene", pero duda de su identidad como persona propiamente dicha, ya que ante la pregunta: ¿quién eres tú? o ¿cómo eres tú?, o ¿cómo es el nene?, responde indistintamente que él es el Canuto, el Canoro u otros, si bien se inclina preferentemente por el Enano.

Al margen de dicha carencia de identidad, que parece reflejar una naturaleza algo esquizoide, dicho sujeto es un caso purísimo de "piladicto". Vive por y para las pilas, y puede torturar a sus familiares insistente y sadicamente hasta que las obtiene. Sin embargo, nunca ve satisfecho su desmedido apetito de dichos objetos y obliga a su abuela y a su tía a buscarlos incesantemente en medio de grandes voces e improperios ininteligibles para, acto seguido, volver a tirarlas por los aires, o esconderlas y exigírselas de nuevo a su familia con desgarradores alaridos, o chocarlas con frucción al tiempo que repite la consigan "a oca no, a oca no" (léase "a la boca no, a la boca no"), sabio consejo dado por sus mayores, visto su desequilibrio.

Como se puede apreciar claramente, estamos ante un caso patológico. se trata de una monomanía o degeneración desconocida hasta la fecha, a la que podríamos denominar, (adoptando el vocabulario del propio paciente, que llama "pía" a estos pequeños útiles de radio y demás aparatos), "piamanía, patología que resulta muy interesante para la investigación psiquiátrica.

El individuo en cuestión gusta asimismo de chuparse ávidamente el dátil pulgar, de mearse de continuo, padeciendo también de "orinalfobia". Igualmente le disgusta ver a sus familiares y amigos enfrascados en las tareas de lectura o escritura, no sabemos si porque desea ser él el único objeto de atención o si es se trata de un potencial bárbaro enemigo de la cultura.

Pese a este cuadro, por otra parte el niño no parece ser tonto ni tener desfase alguno en ningún aspecto, pues su léxico es bastante fluido y adecuado, así como su descaro es imponente. Tampoco se arredra por regañinas ni broncas; antes bien, en una hábil maniobra entreda con guiños, caricias y risitas a quien le reprende; de forma que, además de hacer faenas, les saca provecho. Sólo parece cohibirse con ocasión de que alguna cosa o, especialmente, algún ruido no le agrade; cuando esto ocurre, rechaza el objeto en cuestión y repite "suto, suto" (es decir, susto, susto).

El paciente parece relajarse escuchando música que le incite al baile; o pintando garabatos en un papel (sabe pedir con voz de general en jefe papel y lápiz) o en la pizarra de su sufrida abuelita - a la que él llama "Ona" -, si bien en estos momentos también es frecuente que se empeñe en tenerla a una horas y horas dibujando nenes y "pipís" (coches).

De la misma manera, su comportamiento es pacífico y sereno en los juegos con sus primos, por los que siente profunda admiración y a veces, aunque de tarde en tarde, algo de pelusilla.


DIAGNÓSTICO:

Visto todo el conjunto de fenomenología tan compleja, venimos a plantear la hipótesis de que nos hallemos ante un solo foco patólogico con múltiples manifestaciones.
CONCLUSIÓN:
El sujeto analizado, Jorgito Luis, es intrínsecamente, por natura, "coñazo". Y nada más. Paciencia y barajar.
A Jorge, de la "turuta" de su tía, que le odia mucho por "mosca", y que le muerde el culete y la tripa "de continuo".
La tía Carmela.

La bruja María Zapatón

Esto lo escribí hace ya muchos años, cuando Nadia y Gonzalo eran muy pequeños, tal vez cuatro o cinco sólo. No escribí más después. ¡Lástima!.
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Pues, señor, érase que se era una niña que tenía los ojos muy muy grandes y redondos, muy oscuros, y una carita que parecía un pan tierno, y unas manitas regordetas muy acariciadoras. Su mámá la reñía siempre, todo el tiempo, porque enredaba mucho y, además, siempre se caía, rompía cosas sin querer, perdía las bufandas, los muñecos, los cuentos, y hasta los zapatos perdió un par de veces: una en una feria llena de gente, y otra en una carretera oscura - porque ya era de noche - viniendo de la playa. así que unas veces volvía a su casa descalza, otras a medio abrigar....y, ¡claro!, siempre andaba acatarrada. Porque, además, siempre estaba descalza en su casa, y sin bata; y en el colegio se quitaba los zapatos y se metía en los charcos del jardín. Por eso le dolían los oidos, tosía mucho y siempre se le escapaban los mocos, muchos mocos, tanto que los niños y niñas del colegio dieron en llamarla la Mocosa. Naturalmente esto a ella le daba un poco de pena, porque se lo cantaban a coro.
Pero hete aquí que su hermano, que era un poquito - sólo un poquito - más pequeño que ella, porque era el "mediano", la quería mucho y la defendía. La quería mucho porque ella, además de ser su hermana, estaba llena de corazón; era un poco bruta, eso sí, pero muy, muy buena, quería mucho a su hermano y le prestaba los juguetes y le daba besos. Así que él, que era muy bien plantado y bastante chuletilla, la defendía contra quien fuera....hasta el punto de que un día le mandó un derecho a la mandíbula a su amigo Omar y le "murió", porque se atrevió a llamarle mocosa a su hermana.
Sin embargo, ¡ay!, la profesora le regañó por haber pegado a su compañero; y, aunque él le explicó por qué fue, la profesora, como es natural, le dejó un poquito castigado....sólo un poquito, y le perdonó enseguida porque había defendido a su hermana, ya que había demostrado cariño y valor. Y Nadia perdonó a Omar, que aprendió que no hay que insultar ni burlarse de otros niños, y que era mejor tener buenos amigos, como su amigo Talo, y quererse mucho, como los dos hermanos.
Cuando el papá de los dos niños llegó a su casa por la noche, ellos se lo contaron todo, y su papá les dijo que había servido para algo bueno, pues todos habían aprendido ese día una buena lección: que era mejor y muy bonito ayudarse y entenderse unos y otros.
Y colorín , colorado.....este cuento no se ha terminado, porque a la niña con carita de pan y a su hermano el "mil hombres" le ocurrieron muchas más aventuras. Ya las contaremos más despacio, porque son muchas , y muy interesantes todas ellas.

María Zapatón, bruja brujísima, diplomada en brujerias y maldades varias

jueves, 23 de julio de 2009

Un gato ciego

Atónita e inerme
me veo ante un abismo,
frente a ese claro espejo
desde el que miras tú.

La densa oscuridad
de arenas movedizas
que de ellos me separa
es como un gato ciego;
la distancia hasta tí
resulta irremediable.

Este vacio siempre
dibuja tu mirada:
comprensión, desengaño,
sus colores mezclados;
¡qué tristeza insondable
habitaba en tus ojos!---

Deambulan mi memoria
como si no hubiera habido
jamás allí recuerdos;
los destierran de ella
cóncavas soledades,
contra el diáfano espejo
obsesivas y fijas,
océanos sin estrellas,
ojos de un gato ciego.

martes, 21 de julio de 2009

CRÓNICAS DEL 47

CRÓNICAS DEL 47.

EL CAPULLO DE LA SEÑORA JULIA.

A
la señora Julia se le ha caido el capullo. Así se lo dijo a mi madre.
- Y mi madre, ¿que se te ha caido el capullo?, ¿cómo que se te ha caido "el capullo"?.
- Que sí, chica, que se me ha caido al patio. Lo tenía en el alfeizar, en una macetita de lo más cuco, aunque fuera del chino de la esquina. Me lo habían regalado. Es que me han regalado una planta que no se sabía muy bien qué es. Por la mañana se abre, y veo que tiene cuatro hojas verdes, bastante grandes, y en el centro son de un color como rojito...., y resulta que es un trébol de cuatro hojas, precioso. por la noche se cierra, hacia arriba, como una copa, un vasito o así. Y por la mañana se volvía a abrir....Mi hijo dice que a ver si es carnívora, que mucho trébol de la suerte y mucho rollo, pero que le da mal pálpito la jodía plantita, que es un bicho un poco raro . Pero yo, chica, estaba tan contenta. Todas las mañanas me asomo a ver cómo va. Y esta mañana abro la ventana y, cuando la estoy mirando, hija, como cosa de hechicería...No sé si habrá sido algún maleficio de las brujas esas del segundo, las Manolos, que lo mismo me han hecho una foto y me lan metido en su congelador, que dicen ellas que es más dañino que un buen mal de ojo; la cosa es que la planta se va ladeando, que se va cayendo, que se va cayendo....que se me cae al patio. Para una vez que tengo un buen capullo, se me cae al patio.
- Pues baja a recogerlo- le ha dicho la señora Marina, que vive en el portal de al lado.
- ¿Cómo voy a bajar a molestar al "Trísex", con las malas pulgas que se gasta?. ¿Qué?, ¿lamo a la puerta y le digo: "Mira, Angel, que se me ha caido un capullo a tu patio"?. A saber qué se piensa y por dónde me sale.
- ¡Vaya usted a saber!. Depende del día que tenga. Aunque últimamente parece que está más tratable, ¿no?. Debe ser que está tomando bien la medicación.
- Sí, es que desde que vive con Yaiza le va un poco mejor para eso de la medicación y las comidas y tal. Ella me lo cuenta cuando nos vemos en el portal, o en la tienda de Ying-quin, comprando el tabaco: "Es que yo a Imanol - es que ella le llama Imanol, averigua tú por qué - lo cuido mucho, me cuido de que tome las pastillas y de que tenga sus comidas a sus horas. Habrás visto que ha bajado de peso; y eso que él es fuerte, y sigue fuerte pero menos gordo, porque se lo doy todo cocido, nada de grasa, fritos y eso..., todo cocido; y mucha verdura, patata, coliflor, lechuga...Ya sabes. ¿A que se le ve mejor?.
- ¡UY, desde luego, hija!. Y ahora, que cada día se pone el pelo de un color, da gloria verlo. Qué bien le has venido, porque este chico, desde que le falta su madre, andaba muy perdido; con su madre tenía un pasar porque era de mucho carácter, ¡menuda leche desplegaba la buena mujer!. Pero después que ella falleció....Bueno, supongo que ya te habrá contado cuando tuvo que venir la policia y se lo tuvieron que llevar e internarlo en el psiquiátrico, porque no sabíamos lo que podía ocurrir. Nos llegó a amenazar con dejar la espita del gas abierta y que fuera lo que Dios quisiera. ¡Figúrate, hija!. Todos los vecinos, que algunos estanban ya muy asustados por el riesgo que suponía este hombre, todos, todos ahí en el portal, con caras de guardia de la cachiporra para ver si así él se llamaba al orden, y para evitar que huyera mientras venía la policia a ver qué medidas se tomaban. Fue por esas fechas que le dió por usar como teléfono móvil una de esas cajas grandes de cerillas ( que daba qué pensar, no fuera a darle por meternos fuego) con el tubo de un spray o de un perfumador, así atravesado en la caja de cerillas y sujeto con una goma, de las del pelo. No veas qué conversaciones tenía por el móvil aquel, que hablaba con unos y con otros, que si con el Ministerio del Inetrior, que si con la Cía....Porque como decía que había pertenecido a los servicios secretos. Y luego se ponía un uniforme de vigilante de prosegur, o algo parecido, que tendría por ahí de sabe Dios qué, y te lo podías encontrar por las escaleras, o en el portal, y a oscuras, a las tres o las cuatro de la madrugada, vigilando, que decía él. O cortándonos la luz de pronto, porque decía que le había autorizado Endesa....; ¡nos montaba cada belén, corazón mío!.
- Yo no lo comprendo. ¿Cómo le ha dado a esa muchacha por cargar con este tío loco?.- se pregunta para sí misma con voz mental, y se lo pregunta a las otras vecinas en voz alta Victoria, que,¡claro!, como no vive en nuestro edificio, ni siquiera en nuestra calle, aunque es del barrio y bien que se interesa por todo lo que pasa, pues se le escapa alguna.
-¡Bueneo, bueno! - dice Marina - Eso de "chica" depende del punto de vista, ¿eh?. ¿A que sí, niñas!- le pregunta a la señora Julia y a mi madre.
Mira que llamarlas "niñas" con la pila de años que tienen. Cada una por separado, y no te cuento ya juntas...
- ¿Es que no te has dado cuenta, mujer?- le pregunta la señora Julia a Victoria.
- Vamos a ver, Victoria, guapa - le explica mi madre - ¿No te parece muy alta y muy cachas, con una anatomía un ppoquito rara esa chavala?
- Pues tampoco se le nota tanto, ¿eh? - dice la señora Julia - Puede dar el pego.
- Sí. Además, es tan educada y tan dulce la nena que casi cuela - ¡qué mala baba tiene a veces Marina !.
- ¿Cómo que cuela...?.- exclama Victoría- No me digáis que es....
- ¿Claro, hija, claro!. ¿Pues anda que no se ve que es un tío!- resume un poquito bruscamente Marina, como dando a entender "¿es que eres tonta o eres tonta"?.
- Pero esa chavala, o chaval, lo que sea, hace poco que vive aquí con él, ¿no?- indaga Victoria, metiéndose ya a fondo en el bollo.
- Sí; a mí me ha contado "ella" - responde radio macuto, o sea la señora Julia, que se entera de todo o casi todo, y no porque esté todo el día fuera de su casa, como le reprocha su hijo, que la quiere para él solo y en exclusiva, sino porque siempre anda atendiendo a todo el mundo, todos los vecinos tiramos de ella para cualquier favor o necesidad; se lo dice mi madre :"es que tú te haces de miel..."- Me ha contado- prosigue nuestra cronista oficial - que vió un anuncio que él había puesto, no sé si en un periódico, o en un corcho de un bar, o dende fuera, pidiendo alguien con compartir su piso. Dice que vino a verlo y que enseguida, enseguida, pasaron a la habitación de él, vamos, a la cama directamente.
- ¿Así, sin más ni más?. ¿Qué flechazo!,¿que no?. ¡Menuda marcha!- se chotea Marina.
- Pero, y él, ¿no se dió cuenta, así, de entrada?¿ Qué hizo cuando descubrió "el pastel" de los bajos?.
- Si es que a él le va ese rollo, tía. ¿Por qué te crees que le llamamos el Trísex?. De "Trisexual"
- ¿Tú no lo sabías?. ¡Claro, mujer!. Vamos a ponerte al día - le dice, muy "didáctica" mi madre -A mí me había dicho no sé quién que ella era su ex-mujer, que había vuelto con él. Porque él ha estado casado con un travesti o un transexual o algo, ¿no?.
- Sí, sí....eso fue cuando vivía en Cádiz. Pero ésta es otra. Además es muy joven, mucho más joven que él, una cría, vamos.
Bueno, vale- razona muy liberal Victoria. Un tío puede ser homosexual, o bisexual..., pero eso de "trisexual" ¿qué quiere decir?.
- ¡Ay, hija!. Si es que esta historia es muy curiosa. Parece inventada, pero no....- le amplia mi madre - Mira, es que teníamos un vecino, ¿os acordáis de Jacinto?, que vivía de éste, pues puerta con puerta casi. Y a este, a Ángel, le dió por el otro.
- Es que también el Jacintito era un poco chusco, ¿o no?.- dice Marina.
- ¿Cómo "chusco"?- pregunta, deseosa de aprender, Victoria.
- Así, un poco amanerado- tercia mi santa madre, que raja lo que debe y lo que no debe- un poco amariconado, hablando en plata. Y eso que era, y es, un tiarron, no vayas a creer. No guapo, la verdad, pero alto y con buena planta.
- A lo mejor fue por eso por lo que a Ángel le dió por él - argumenta con la tolerancia y la comprensión que la caracteriza mi vecina la señora Julia - Y empezó, a lo que se ve, a tirarle los tejos. Hasta que un día le echó por debajo de la puerta una carta.
- Una declaración de amor, muy respetuosa, eso sí, y muy romántica. Porque al principio fue un cortejo muy galante, que Ángel se comportaba como un caballero.
- Y vosotras ¿cómo sabéis todo eso, quiero decir, cómo era la carta y esas cosas?.- indaga incrédula Victoria.
- ¡Toma!, porque Jacinto, o por curarse en salud, o como pidiendo auxilio pero sin pedirlo, ¿me entiendes?, pues nos lo contó a todas las vecinas, o a casi todas- le aclara Marina.
- Sí - le amplia la información mi madre -Se la leyó a mi hija Lourdes, que venía de la facultad y se lo encuentra en la puerta con un ataque de ansiedad o poco menos. Le estuvo contando todo el asunto y le leyó la carta. Decía Lourdes que casi se ahoga intentando aguantarse la risa. En esa carta, casta y apasionada a la par, Ángel le decía que podían quererse "tranquilamente" porque a él,a Ángel quiero decir, le gustaban las mujeres, los hombres y los travestis, o sea que era- y esa era la palabra que él empleaba en la carta- trisexual. Y me contaba mi hija que Jacinto repetía "¡Fíjate, se dirige a mí como si yo fuera homosexual!". Y Lourdes le dijo "Pues si lo ers ¿qué pasa?. A nadie le tiene por qué impportar lo que tú seas o dejes de ser, ni eso le da derecho a nada"." ¡Si es que yo no soy homosexual!". Pues, estupendo. Díselo y se acabó, ¿no?". "Si se lo hew dicho un montón de veces, pero como está chinao, pues que no lo entiende, o que no acepta una negativa, o no sé que me dice...¡A ver qué hago yo!.
- El muchacho estaba asustado, pero asustado de verdad, en un sinvivir el pobre - se compadece Marina, que se solidariza mucho con las personas que tienen que resolver problemas solas, sin familia y sin ayuda de nadie.
- Pero era un poquito lila también- salta mi madre, que es de esas cabezotas que, como le dice mi padre, encima mete patadas contra el aguijón- Porque lo que yo le dija, ¿vas a permitir que este te eche de tu casa?, ¿ a un tío de cuarentas años?. Anda que no es triste, un tipo de cuarenta ños que se va a refugiarse a casa de su mamá, a que una viejecita le proteja. ¡Vamos, ni en el tebeo!.
- Pero es que con un desquiciado de éstos nunca se sabe- le reprende suavemente Julia. Acuérdate de aquella mañana, las siete o las ocho, no más serían, que le dió al "Trísex" por abollar los buzones con un palo, y por aporrear la puerta de Jacinto.
- ¡Ah, sí!- Recuerda entonces mi madre.- Que gritaba "¡Sal, maricón!, ¡sal y da la cara!".
- ¡Ostris, qué miedo, tú"- se alarma Victoria - No me extraña que el chico se fuera. Yo también me habría ido.
- Y yo también lo haría si pudiéramos comprarnos otro piso - salta desesperada mi madre.
- ¡Anda ya!- se ríe Victoria - Si en esta calle, o por lo menos en esta casa nunca os aburrís; si os lo pasáis de miedo
- Tú lo has dicho - sentencia la señora Julia - pero de miedo auténtico, en plan gore... Será por las aguas subterráneas, como dice la Pilar, la de la familia ésta del primero, que están todos más p'allá que p'acá los pobres, que si uno está como una tapia de sordo la otra padece de manía persecutoria y te tira a la cabeza la dentadura postiza en cuanto se mosquea un pelín; y al chavea le da por recitarte la constitución de memoria si te lo topas por la escalera, o sea que ella debe saber de lo que habla cuando dice que esta calle tiene mal fario. En este edificio nuestro, por lo menos, todo está gafado. Y, si no, mira mi capullo. ¡Con lo bonito que era mi capullo y lo bien que se me estaba criando!

viernes, 5 de junio de 2009

Brindis por el tiempo que nos hace y que nos deshace

Sal a la ventana
y levanta tu copa
como una ofrenda al sol
pintor del aire transparente
de la tarde que se aleja,
que destella
como el vino,
como el oro
derramado....
Y bébete de un solo
trago tanto color,
o a sorbos, tenuemente,
y el regusto de la vida...
su dolor y sus caricias.

Llegue de pronto,
casi una sorpresa,
la noche
con su terciopelo azul
de luminosos silencios...
la jornada ha terminado.

Caiga, pues, el telón,
la tragicomedia, tal vez,
queda ya concluida.

Canto

martes, 10 de marzo de 2009

Presentimientos

Tu mano en mi pelo.
Leve roce de tu palma
en mi nuca , y tu voz
riente a mi costado.

Aún tenías acné,
eras prudente y tímido,
demasiado prudente
y tiernamente tímido.
Hablabas pocas veces
y siempre me hacías
tanta gracia....

Presentía intensamente
-me lo repetía insistente
el corazón-
que la vida
nos quería juntar;
estaba convencida...
y ...ya lo ves.

Tu mano en mi nuca....
y se me eriza la piel
al evocar tu tacto.

Eramos jóvenes y asustadizos;
no sabíamos ¡qué tontos!
que el amor es frágil y
que la vida se escapa
en un suspiro.

A menudo me visitan
aquellos dos fantasmas...
a menudo siento,
de golpe, una punzada..

Tenías aún acné....
No sé si nos reconoceríamos
al cruzarnos, por azar,
en cualquier calle,
en la compra, en un café,
o en algún otro lugar.

Estaba convencida...
me lo dijo tantas veces,
-¡canalla traicionero!-
el corazón,
presentía intensamente
que la vida
nos iba a juntar.

Canto.