sábado, 6 de diciembre de 2008

LECTURA DE MACHADO, DON ANTONIO

Cuando el amor se va
ya nada nos sostiene;
no puedes responder
al mundo que te llama,
que da voces por tí
y a la vida te convoca.

Ya nada nos sostiene,
vacios e inermes
como nos ha dejado.
---------------------

Hace tiempo ya que
las hadas se llevaron
el lino de mis sueños...
Ya casi no recuerdo
su perfume ni
el nombre de mis sueños.
Se han llevado también
pasiones y deseos,
anhelos y futuros
dibujados en papel.
Hoy vienen a arrancarme
- pues arrasan- la esperanza.
No quedan ya lágrimas
para llorar...
"¡No hay que llorar,silencio!"
------------------------

Yo sí, ....
sí quisiera llorar,viejo
maestro, porque me matará
si no tanto silencio,
mi buen amigo, tanto,
tanto ruido...
tanto silencio.


Escrito hace tantos años que ya no puedo recordar cuándo sentí estos versos. Y, a pesar de todo, siguen siendo míos, mi sentir.

Mavi.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

POEMA AL HIJO

Para Nadia, Gonzalo y a mi hija más pequeña ( para mí, Violeta). Poema que le regalé a mi hijo el día que cumplió los 18. Poema que nunca colgó de la pared y que debe tener oculto en algún rincón.



Para que vivieras

-que no es chica tarea-

te concebí y te di

la vida.

¡Vive!



El mundo es grande,

pleno de gentes diversas

y surcado de infinitos,

entrelazados caminos.

El tuyo

aún está por trazar.




Quise enseñarte a leer

a tu manera

la rosa de los vientos,

también intenté

enseñarte a llevar

el paso firme,

y la mirada serena.

¡Camina!


La travesía no es

habitualmente fácil,

pero resulta siempre

una aventura.


Para tu vuelo soñé

un límpido azul inmenso,

y para tu libertad

trencé en sedas y algodones

alas fuertes y ligeras.

¡Vuela!.


Cuando al fin el tiempo

-¡qué remedio!- nos separe

será consuelo y premio

más que suficiente

saber que vives en paz

contigo mismo

y con los hombres,

o sea,

que eres feliz.

Carmen.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Alegoria

Esto fue escrito, en un ratillo de broma y buen humor, hace mucho tiempo. Exactamente tiene fecha de Marzo de 1990, aunque tal vez su primer borrador fuera aún anterior
-----------------------------------------------------------------------------------------------

Yo iba buscando una cosa práctica, adecuada para día tan señalado, y que, además, me fuera útil para otros tiempos que hubieran de venir después. Era preciso que fueran blancos, claro está, un poco más altos de lo normal, dada la ocasión, pero no demasiado, porque, a la vez, los desaba cómodos, llevables, suaves y fuertes al tiempo. Que se fueran haciendo poco a poco a mis hechuras, que yo me habituara facílmente a ellos.
Busqué concienzudamente. No elegí a ciegas; probé bastantes antes de decidirme. No los quería sólo para un día, no eran para un mero trámite.Tendrían que durar y pretendía conservarlos para siempre, andando los años, como una maravillosa reliquia, testimonio de una fecha memorable. Por eso miré tanto antes de decidirme. Yo, además, consideraba que sabía bastante bien lo que quería. No era preciso que fueran fascinantes ni fastuosos, ni epatantes, ni modelo exclusivo, ni de ensueño...No; yo quería algo discreto, amoldable, por los que pudiera llegar a sentir ese afecto peculiar e intenso que sentimos por las cosas muy usadas y especialmente familiares: una pluma antigua, un viejo y mil veces releido libro, un cuaderno que guardamos desde la infancia...un testigo o, más aún, una parte de nuestra vida más personal.
Y busqué y busqué....y ciertamente tardé bastante en decidirme. Claro que tampoco tenía demasiada práctica , pues nunca fui consumista más allá de lo aceptable y siempre me manifesté comedida y prudente.Por otra parte, ellos eran casi la única novedad que iba a tener en aquella nueva situación, lo demás sería todo de prestado. Sólo ellos serían de mi elección y gusto propio.
Los busqué por todas partes y, finalmente, los ví. Y me decidí: breves, delicados, discretos pero con encanto, prácticos y a la par tiernos...; sí, estaban dotados de cierta ternura.
El primer día se acoplaron a mí como un guante. En honor a la verdad, he de decir que durante la ceremonia apenas podía notar su presencia salvo por su calor, su suave protección pese al frío reinante. Yo los miraba desde mi altura ( escasa, ciertamente) y pensaba:" son especiales, delicados, sencillos...serán un símbolo para lo que me quede de vida; cuando sea viejecita los miraré, como ahora, y mis ojos errarán nostálgicos..."
Pero en los días posteriores, y pasado algún tiempo, intenté ponérmelos . Ya no era igual la cosa; algo estaba cambiando. Primero empezaron a rozarme un poco en los laterales; poco después la opresión en la parte de atrás fue a más, y el dolor de los dedos llegó a ser en acasiones insoportable. Yo lo intenté, me resistía a aceptar que no pudieran hacerse a mí. Pensé, incluso, que yo me haría a ellos y que, siendo, como eran, tan suaves y tiernos, tendrían que acabar amoldándose a mis hechuras, pese a que éstas pudieran - quién sabe- llegar a considerarse un tanto disformes. Puse en ello todo mi empeño , lo aseguro; y a fe que usé de bastante paciencia .
Si embargo, ignoro por qué extraña razón, resultó imposible. Cada vez me oprimían más. No podía caminar con ellos, me impedían constantemente una marcha normal. Algunas veces tuve que llegar a arrancármelos para poder andar tranquila y volver a sentirme liberada y calmar los malos humores a los que me arrastraba aquella penosa situación.
Finalmente renuncié y los guarde en un rincón de un altillo hasta que, un buen día, los regalé. Quizás otros pies consiguieran de ellos lo que los míos no lograron.

Por eso digo siempre - es inevitable pensarlo, ¿no? - que aquellos zapatos que estrené el día de mi boda para ir a la iglesia vestida de blanco, son una alegoría perfecta del matrimonio.

Mavi

sábado, 29 de noviembre de 2008

Recuerdo

Hoy te traigo una flor
del color de la pena,
y de nuevo me abrazo
a tu alta presencia ,
talismán de memoria
que ahuyenta la tristeza.
Aunque tú ya no estés
siempre te siento cerca,
conversando conmigo,
orientando mi instino
el eco de tu voz
por si pierdo el camino.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La última tarde

Este poema también lo escribí una tarde de primavera, al final de mi adolescencia, en plena época de exámenes. En vez de empollar, me evadía con los escritos, propios y ajenos.

Sabe dulce el aire, y huele.
Es blanca la tarde
como la paloma blanca,
como el asfalto liso,
inmaculado y monótono
de mi alma,
con un color de agonía,
de ir muriendo
pena a pena,
diminuta, solamente
sola cada día,
cuando aún
nacen en la piel
lirios adolescentes todavía
y en los ojos campanillas.

Mavi.

Adolescencia

Este texto lo escribí hace muchos, muchísimos años; a los 14 más o menos, y lo compartí con mis compañeras de clase del colegio de monjas, donde - ya vale de tópicos - fui feliz.

Yo llevo en el corazón,
en el pecho, ese dolor
de eso que está
y que no llega,
de eso que pasa...
y se queda.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Un poema escrito por mi madre

Según me contó, lo escribió un día cualquiera, como ejercicio de creatividad espontánea, en sus años de universidad, antes de que la vida le diera el primer hachazo...luego vinieron más.

Resignate a morir,
viejo amor mío,
no vuelve atrás el río
ni vuelve a ser
presente lo pasado;
que no hay cosa más fría
que el cráter de un volcán
si está apagado.

María Jesús Picornell.