Desquite
Hoy tan sólo lucho
por no entristecerme,
por sacar partido
de cosas alegres,
de cosas pequeñas
de poca importancia:
un poco de sol
en un día de frío,
porque no sea igual
tiempo que distancia,
porque, estando lejos,
te siento conmigo.
Porque no me dañen
golpes que me dan,
porque, aunque me duelan,
no dejen herida
y no me oscurezcan
la luz de la vida;
péseles a ellos
toda esa amargura
que los deja ciegos
ante la hermosura.
Pero lo que reste
de la vida mía
quiero consagrarlo
a esta alegría
de ser una gota
en la lluvia tibia
que cae a la tierra
para hacerse pan
que nos sacie el hambre
y signe la paz.
Mavi de Soto
domingo, 23 de noviembre de 2008
lunes, 17 de noviembre de 2008
Tu árbol.
De nuevo regreso a tí,
a escuchar en tu silencio,
para que hablemos al fin
de lo que no nos dijimos;
de que todo, mal que bien,
se va poniendo en su sitio;
de que tú, árbol crecido,
has cumplido la tarea
lo mejor que tú supiste,
que nadie supo hacer más
ni dar más de lo que diste.
Busco volver hasta tí,
a tu profundo silencio
que resguarda por igual
del dolor como del tiempo;
bajo tu fronda anchurosa
vengo a escuchar el silencio,
voz muda en que tú me hablas
fuerte como fuerte fuera
tu corazón tan bravío,
alto como es aún tu alma
que sobrevoló el vacío.
Vengo aquí, bajo tus ramas
en las que susurra el viento
y cuenta secretos viejos,
al pie de tu copa grande
que bebe al caer la tarde
oro líquido del cielo.
Abrazo tu duro cuerpo
y acaricio muy despacio
tu hermoso rostro arrugado
para poder conservar
la poca fe que aún guardamos.
Luego tendré que volver
a extraviarme en el ruido,
a entrar en esa corriente
de agitación y de frío.
Y derramo en tu regazo
los pétalos de mis besos,
quiero expresarte con flores
mi voluntad de regreso
porque sé que siempre aguardas
con tu amoroso silencio.
a escuchar en tu silencio,
para que hablemos al fin
de lo que no nos dijimos;
de que todo, mal que bien,
se va poniendo en su sitio;
de que tú, árbol crecido,
has cumplido la tarea
lo mejor que tú supiste,
que nadie supo hacer más
ni dar más de lo que diste.
Busco volver hasta tí,
a tu profundo silencio
que resguarda por igual
del dolor como del tiempo;
bajo tu fronda anchurosa
vengo a escuchar el silencio,
voz muda en que tú me hablas
fuerte como fuerte fuera
tu corazón tan bravío,
alto como es aún tu alma
que sobrevoló el vacío.
Vengo aquí, bajo tus ramas
en las que susurra el viento
y cuenta secretos viejos,
al pie de tu copa grande
que bebe al caer la tarde
oro líquido del cielo.
Abrazo tu duro cuerpo
y acaricio muy despacio
tu hermoso rostro arrugado
para poder conservar
la poca fe que aún guardamos.
Luego tendré que volver
a extraviarme en el ruido,
a entrar en esa corriente
de agitación y de frío.
Y derramo en tu regazo
los pétalos de mis besos,
quiero expresarte con flores
mi voluntad de regreso
porque sé que siempre aguardas
con tu amoroso silencio.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Callejón
Escrito hace mucho, mucho tiempo. "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos", pero la frustración, la lástima por la ternura desperdiciada por oculta, ha ido a más, "no mengua ni se aplaca".
Callejón :
Mi deseo de tí
nunca se extingue,
no mengua ni se aplaca,
sólo crece.
He luchado contra él
algunas veces,
pero es mi refugio de esperanza,
mi evasión del vacio,
mi meta de ternura.
Es la salvaje alegría
que me trae un dolor irremediable:
la pena sin final
- y ya sin ira -
de saber que no fue,
que nunca ha sido,
que sólo es ansiedad
sin rumbo ni sentido
- veleta huérfana de vientos
o brújula sin norte-
que jamás existió,
que ha permanecido
- a oscuras y callando
amordazado su gemido-
entre las cuatro paredes
de mi pecho,
deambulando perdido
de mis ojos a mis besos
que no encuentran salida
ni objeto en que volcarse.
Mavi-( Canto y jardín)
Callejón :
Mi deseo de tí
nunca se extingue,
no mengua ni se aplaca,
sólo crece.
He luchado contra él
algunas veces,
pero es mi refugio de esperanza,
mi evasión del vacio,
mi meta de ternura.
Es la salvaje alegría
que me trae un dolor irremediable:
la pena sin final
- y ya sin ira -
de saber que no fue,
que nunca ha sido,
que sólo es ansiedad
sin rumbo ni sentido
- veleta huérfana de vientos
o brújula sin norte-
que jamás existió,
que ha permanecido
- a oscuras y callando
amordazado su gemido-
entre las cuatro paredes
de mi pecho,
deambulando perdido
de mis ojos a mis besos
que no encuentran salida
ni objeto en que volcarse.
Mavi-( Canto y jardín)
lunes, 10 de noviembre de 2008
Últimas voluntades, de momento:
¿A qué recuerdos
me asiré,
qúe perfumes
transportará
a mi memoria el viento
el último día?.
¿Cómo habrá de ser
el instante fatal
en el que habré
al fin de encontarme
cara a cara
conmigo misma?.
¿A qué espejo
me enfrantará,
y qué rostro
mostrará
mi muerte?.
¿Qué luz y qué rumor
tendrá esa hora?.
Sentiré, seguramente,
no haber sido más valiente,
no haber apurado
- saboreado o sufrido
hasta lo hondo-
todo aquello
que el destino me brindó;
no haber cumplido
a fondo
la tarea inapelable
de vivir.
Echaré de menos
el sol del invierno
y el olor
del salitre
frente al mar;
tu voz, tu calor,
tu tacto, tu mirar
....ya sabes: el esfuerzo
inútil de tratar
de imaginarme la vida
ya sin mí...
Pero tú, amor, no sientas
ningún miedo.
Si es ley natural,
como la brisa
y el color del cielo
¿a qué temerla?
Acompáñame, dame
tu aliento
para afrontar serenamente
el definitivo
momento.
Mantente en la esperanza,
sostén tu ánimo
y no sueltas
mi mano
hasta que sepas
que estoy,
definitivamente,
al otro lado.
Y después....
siéntete en paz,
alza la vista
¡ y canta!.
Porque la vida
ha de ser canción.
¿A qué recuerdos
me asiré,
qúe perfumes
transportará
a mi memoria el viento
el último día?.
¿Cómo habrá de ser
el instante fatal
en el que habré
al fin de encontarme
cara a cara
conmigo misma?.
¿A qué espejo
me enfrantará,
y qué rostro
mostrará
mi muerte?.
¿Qué luz y qué rumor
tendrá esa hora?.
Sentiré, seguramente,
no haber sido más valiente,
no haber apurado
- saboreado o sufrido
hasta lo hondo-
todo aquello
que el destino me brindó;
no haber cumplido
a fondo
la tarea inapelable
de vivir.
Echaré de menos
el sol del invierno
y el olor
del salitre
frente al mar;
tu voz, tu calor,
tu tacto, tu mirar
....ya sabes: el esfuerzo
inútil de tratar
de imaginarme la vida
ya sin mí...
Pero tú, amor, no sientas
ningún miedo.
Si es ley natural,
como la brisa
y el color del cielo
¿a qué temerla?
Acompáñame, dame
tu aliento
para afrontar serenamente
el definitivo
momento.
Mantente en la esperanza,
sostén tu ánimo
y no sueltas
mi mano
hasta que sepas
que estoy,
definitivamente,
al otro lado.
Y después....
siéntete en paz,
alza la vista
¡ y canta!.
Porque la vida
ha de ser canción.
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